De bandoneón y rastas en Banfield…
Tres violines, una viola y un violonchelo. Un contrabajo, un piano, la voz ronca de un loco cualquiera, y cuatro solemnes bandoneones que, de sólo hacerse presentes, quebraron de gusto a todo un Ensamble. Un espectáculo de lujo, como sólo aquí: en Banfield.
Una puesta en escena casi teatral; una sencillez distinguida para honrar al dos por cuatro. Pibes traviesos, de original bohemia porteña, demuestran que el tango no se restringe para una época, sino que perdura y trasciende en lo más exquisito de su génesis.
Tango clásico, aquél de las milongas de los 50. Acordes nostálgicos, quizás tristes, quizás arrepentidos. Un deleite fabuloso en una fogosidad urbana, en una onda apasionada y, por demás, auténtica.
Así toca la Orquesta Típica Fernández Fierro.
Un show indescriptiblemente único. Un par de horas realmente valiosas. Quien los vio por las calles de San Telmo, no se perderá la ocasión de verlos en concierto.
Muchas gracias por el CD que aventaron al público; cayó en las manitos de esta mina, quizás pebeta. Gracias también al par de viejitos que dejaron que se les afane el disco por debajo de sus sillas. Y por supuesto a vos -varón- por hacerme la noche más divertida violentandote con las señoritas del Pami por agravios inconexos.
¡Pero callesé, señora, deje de tomar vino!….
¡Genial!
oComentarios
El Taller del Sur: en el norte
Si Van Gogh y Gauguin hubieran conocido Purmamarca, quizás otra sería la historia.
El Taller en el Sur a lo mejor se hubiera consagrado en el norte argentino; en lugar de girasoles, tal vez sería un algarrobo el sello de Vincent, y las curvas aymaras, la locura de Paul. Quizás ni la paz de las alturas habría remediado las marcadas diferencias artísticas de sus genialidades; pero la paleta natural que regala el Cerro de los Siete Colores, seguramente, habría infundido un mismo matiz para sus pinceles.
Lejos de Arles, lejos de Taihiti y de la Polinesia, la señora naturaleza solita ha creado su obra maestra. Si en fotografías llegara estos colores hasta nuestros ojos, no dudemos de que en los lienzos todavía no han sido plasmados.
¿Qué la Quebrada de Humahuaca es pintoresca?… quizás el adjetivo no le sea suficiente.
El Paraíso en la otra esquina